Cómo extraño volver a escribir.
Y tener un motivo que me impulse,
aunque motivos tengo,
aunque es un solo motivo
del que ni siquiera me atrevo a escribir.
Cómo extraño volver a escribir.
Y encontrar una persona que me inspire siempre,
aunque ya la encontré,
aunque de esa persona
no me obligo a escribir.
Cómo extraño volver a esos días
en los que las ideas eran libres,
en los que no habían límites,
tampoco había pánico.
¡Cómo extraño volver a escribir!
Tanto que ya no sé qué es lo que extraño:
si su rostro al leerme,
o el mío al escribirle.
(Esa es la idea...)
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